Aunque la participación de los tumores malignos en la mortalidad de menores
de quince años ha aumentado en las últimas décadas, el riesgo de muerte (ajustado por la estructura de edad) ha disminuido. La
disminución es evidente tanto en la mortalidad por leucemias como en la mortalidad por todos los tumores.
La supervivencia global observada está alrededor de 50% a cinco años para
todos los tumores. El abandono del tratamiento es un factor crítico: los niños
que continúan los tratamientos tienen una supervivencia cercana a 75%, los que no
continúan tienen una supervivencia de apenas 30% (ver gráfico). Al respecto, hemos puesto en
práctica una serie de medidas orientadas a reducir el abandono, entre ellas la hospitalización
de los niños durante toda la fase de inducción del tratamiento.
La tardanza en el inicio del tratamiento también afecta adversamente la
mortalidad. Al respecto, hemos ajustado los sistemas de alerta y revisado estrictamente todos los procesos de
atención.
Todavía queda mucho por hacer. La habilitación de las unidades de atención
en cáncer infantil, con el fin de cumplir las normas existentes sobre
calidad e integralidad del tratamiento, es el mayor reto de los
próximos años.
En el tema de cáncer, los avances son dignos de mención. Este año presentamos el Plan Decenal de
Cáncer, reglamentamos la ley Sandra Ceballos, ampliamos sustancialmente la
cobertura de vacunación contra el Virus del Papiloma Humano (causante del cáncer de cuello uterino) e incorporamos al
POS nuevos medicamentos y procedimientos contra las formas más prevalentes de
cáncer.
Los hechos no justifican los juicios catastrofistas. Pero tampoco invitan a la
complacencia.
Basado en información preparada por Dr. Raúl Murillo, director del Instituto Cancerológico.